En esta hoja no hay misterios,
sólo vigilia sin razón;
sombras que tiemblan al abrirse la puerta,
ojos trémulos al paseo del picaporte
cantan la ronda,
el trago de pozo desértico
en el suspenso de una lámpara.
Esta hoja deslumbra vacía,
burlada por un poema que desdeñó la cita.
Han caído algunas migas de pan
y los insectos, furtivos y silenciosos,
se aporrean entre sí.
Esta hoja no tiene letras ni poema ni secretos,
sólo huellas desesperadas
como espejo de las calles.
Martín Guerrero Ortega
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